En nuestra carrera diaria con Jesús, nos encontramos con obstáculos casi consecutivos que tratan de detenernos, pero está en nuestra propia voluntad el vencerlos o no, porque durante y después de muchos obstáculos, vemos como la mano poderosa de Dios se mueve a nuestro favor. Si nos detenemos, entonces no podremos ver cual es el siguiente paso o el siguiente nivel a donde quiere el Señor llevarnos. Así, que no detenernos y continuar es la opción más atinada, es más, es la única opción si queremos ver bendición tras bendición. Y recordar, sobretodo que no podemos quitar la mirada de la meta final que es en Cristo Jesús.
Observemos como declara este verso de la Biblia: “…olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” Filipenses 3:13-14. Habla de olvidar, de dejar atrás lo que no pudimos lograr, de extenderse hacia lo que Dios tiene más delante. Diversas situaciones pudieron darse; en lo económico, en los negocios, en lo familiar, en lo laboral, en lo sentimental en el pasado año 2011 o en el día de ayer, o la semana pasada. Pero cualquier cosa que haya sido el obstáculo, cuando Dios lidera nuestras vidas, nos da la fortaleza para continuar, nos abre los ojos espirituales para ver lo hermoso que continua, entonces El abre las ventanas de los cielos y derrama bendición hasta que sobreabunde, porque El honra la fé de sus hijos. Solo en sus manos debemos depositar nuestros sueños, nuestras circunstancias, confiamos, actuamos y El hace.
No desviarnos de su camino es la clave, es la puerta para nuevas bendiciones. Porque en El hay plenitud y una bendición grande en todas las áreas de nuestras vidas. En El hay promesas, solo debemos creer sin desmayar, continuar en la carrera sin distraernos. El Señor hoy hace una invitación a nuestras vidas a que tomemos las armas de nuestra milicia que no son carnales, que son poderosas en Dios para la destruccion de fortalezas: La fé, la oración, el usar la Palabra militando en nuestras promesas.
Altagracia Valoy / 29-01-2012.-



A veces vienen fuertes tempestades a nuestras vidas, pero ante el poder de Dios, estas cosas son pequeñas, pues es por Su fuerza, por Su soberanía, no por tu fuerza y posición, es por Su palabra y deidad que El actúa.
En II Reyes, capítulo 6, podemos ver el relato de los hijos de los profetas y Eliseo, buscan preparar lugar para vivir, ya que todos coincidían que el lugar donde habitaban en ese momento era ya estrecho. Nos detenemos aquí y observamos que ellos decían a Eliseo: “He aquí el lugar donde moremos contigo nos es estrecho”, ellos están buscando la amplitud para la obra y cada uno de ellos busca un hacha para hacer vigas y así poder vivir allí.
Al estudiar la historia de Lázaro, podemos notar que la palabra muerte, no necesariamente se refiere a la física, sino que va más allá, a la muerte espiritual, a la pasividad en la carrera con Dios, pero nuestro Señor nos resucita de esa muerte, para que seamos llenos de su Santo Espíritu y seamos reactivados para su honra y para su gloria.

